¿Qué pasa cuando un diseñador deja de hablar de ropa y empieza a hablar de todo aquello que existe antes de una colección? Las películas que lo obsesionaron. Las mujeres que recuerda. El cuerpo, el deseo, el sexo, el aburrimiento. Incluso ese pequeño detalle de vestirse siempre de negro. En Fashion Neurosis with Bella Freud, Anthony Vaccarello deja por un momento el lenguaje cuidadosamente construido de las pasarelas para entrar en un territorio mucho más íntimo: el de las imágenes que permanecen en la cabeza incluso cuando ya no sabemos exactamente de dónde vienen.
Y quizá ahí está la parte más fascinante de la conversación. Porque detrás del Saint Laurent de Vaccarello (ese donde conviven el traje perfecto, el látex, las piernas infinitas, el cine y una sensualidad casi eléctrica) existe un hombre que parece diseñar desde sus propias obsesiones. ¿No es eso, después de todo, lo que hace que una estética termine convirtiéndose en lenguaje?
¿Por qué Anthony Vaccarello siempre vuelve al negro?
Hay algo casi cinematográfico en la manera en que Anthony Vaccarello se viste: camiseta negra, pantalones negros y cero intención de convertirse en el centro de la habitación. Podría parecer una elección puramente estética, pero resulta mucho más reveladora. El negro funciona para él como una especie de uniforme. Una manera de eliminar decisiones innecesarias y reservar toda la energía para aquello que realmente importa: crear.
La imagen es interesante porque existe una contradicción en ella: alguien cuya profesión consiste en construir imágenes utiliza su propia ropa precisamente para desaparecer de ellas. Cuando el diseñador deja de pensar en cómo quiere ser visto, puede concentrarse en cómo quiere mirar. Y en Vaccarello, mirar parece ser el principio de todo.


¿Cómo entiende Anthony Vaccarello el fetichismo, el deseo y la sensualidad en Saint Laurent?
Anthony Vaccarello ha convertido el fetichismo, el deseo y la sensualidad en algunos de los códigos más reconocibles de su visión de Saint Laurent. El látex, las piernas, los tobillos y la relación entre la ropa y el cuerpo aparecen como herramientas para explorar una feminidad que no busca ser complaciente. En su universo, la elegancia puede convivir con el exceso y el clasicismo con la provocación (no como opuestos, sino como dos fuerzas capaces de crear algo nuevo). Así, el fetichismo deja de ser únicamente una cuestión estética para convertirse en una manera de llevar los códigos históricos de la Maison hasta un territorio más incómodo y contemporáneo.
El cuerpo también ocupa un lugar central en esta conversación. Vaccarello no parece entenderlo como una figura estática, sino como algo que camina, se mueve y ocupa el espacio. De ahí su fascinación por las piernas, los tobillos y las manos: partes del cuerpo que pueden transformar una silueta y transmitir actitud incluso antes de que aparezca cualquier palabra. Esta mirada conecta con una sensualidad que no depende únicamente de cuánto se muestra, sino de cómo se lleva (una pierna al caminar, un tobillo descubierto, una prenda que sigue el movimiento). La ropa de Saint Laurent no está pensada simplemente para cubrir o adornar el cuerpo, sino para acompañarlo y potenciar su presencia.
En el fondo, la relación de Anthony Vaccarello con el sexo, el tabú y el deseo parte de una idea de libertad. La mujer Saint Laurent no tiene que vestirse para conseguir aprobación: puede hacerlo para sentirse poderosa, explorar su sexualidad, jugar con su imagen o simplemente porque lo desea. La referencia a Belle de Jour, de Luis Buñuel, encaja en esa tensión entre lo que mostramos y aquello que existe en nuestra intimidad. Y quizá ahí reside la verdadera sensualidad de Vaccarello: no en provocar por provocar, sino en entender el deseo como una elección personal, algo que no necesita permiso, explicación ni disculpa.
¿Qué aprendió Anthony Vaccarello de Madonna?
Madonna no solo le enseñó a Vaccarello el poder de provocar, sino algo mucho más interesante: el poder de controlar una imagen y convertirla en identidad. Su capacidad para reinventarse, jugar con el cuerpo y transformar cada aparición en una declaración forma parte de esa educación visual que el diseñador lleva consigo. Y ahí está quizá la conexión más fuerte con Saint Laurent: la ropa como una herramienta de libertad, deseo y actitud, nunca como una búsqueda de aprobación.
¿Qué películas viven dentro de la cabeza de Vaccarello?
Antes de ser director creativo, Vaccarello fue espectador. Y algunas de sus referencias más importantes no nacieron en una pasarela, sino frente a una pantalla. David Cronenberg, Pedro Almodóvar, Jim Jarmusch y Abel Ferrara aparecen como parte de una educación visual que terminó filtrándose en su manera de entender la moda. Crash, el cine de los años 90, las atmósferas incómodas, los personajes que viven entre el deseo y la contradicción: todo parece formar parte del mismo archivo mental.
Hay algo especialmente bonito en que algunos de los cineastas que admiraba desde joven hayan terminado colaborando con él. Como si aquellas imágenes que primero observó desde lejos hubieran encontrado, años después, una manera de entrar en su propio universo creativo.
¿Qué mujeres forman el universo de Anthony Vaccarello?
Charlotte Gainsbourg, Kate Moss, Béatrice Dalle, Bella Hadid y Zoë Kravitz forman parte de ese particular universo femenino que Anthony Vaccarello ha construido alrededor de Saint Laurent. Pero más que reunir nombres conocidos, el diseñador parece buscar mujeres con una presencia que ya existe antes de la ropa: personalidades fuertes, estilos reconocibles y una manera propia de habitar el espacio. No son mujeres que necesiten convertirse en personajes; son mujeres que ya tienen una historia que contar.
En ellas, Vaccarello encuentra algo que va más allá de la belleza o de la imagen. Bella Hadid aporta una sensualidad contemporánea y camaleónica, mientras que Zoë Kravitz representa esa mezcla de actitud, naturalidad y sofisticación ligeramente despreocupada que encaja con el lenguaje de la Maison. Junto a Kate Moss, Charlotte Gainsbourg o Béatrice Dalle, forman una especie de constelación de mujeres muy distintas entre sí, pero unidas por una misma capacidad: hacer que una prenda parezca pertenecerles antes incluso de llevarla.


¿Dónde termina Yves Saint Laurent y empieza Anthony Vaccarello?
Quizá esta sea la pregunta que termina de ordenar toda la conversación. Porque Vaccarello no parece interesado en convertirse en una versión contemporánea de Yves Saint Laurent (ni en reproducir su legado como si fuera una pieza de museo). Su desafío es mucho más interesante: entender qué hizo revolucionaria a la Maison y preguntarse cómo volver a poner esos códigos en movimiento.
Por eso, en su Saint Laurent pueden convivir el traje y el látex, el cine y la moda, la distancia y el deseo, el clasicismo y el fetichismo. No necesita que las piezas encajen perfectamente. Al contrario: parece encontrar precisamente ahí su lugar de creación. La contradicción no es un problema; puede ser el punto de partida.
Y quizá esa sea la verdadera neurosis de Anthony Vaccarello: moverse constantemente entre la memoria y el deseo, entre lo elegante y lo incómodo, entre aquello que reconocemos y aquello que todavía no sabemos que queremos. Su Saint Laurent no intenta conservar los códigos intactos, sino mantenerlos vivos. Los observa, los cuestiona, los lleva al límite y, finalmente, los transforma. Porque para Vaccarello, respetar una herencia no significa quedarse en el pasado: significa tener el valor de volver a hacerla peligrosa.
